jueves, 2 de junio de 2016

Conjunciones

Conjunción

Una conjunción es una palabra o conjunto de ellas que enlaza proposiciones, sintagmas o palabras. Proviene del latín cum: ‘con’, y iungo: ‘juntar’; por lo tanto, significa ‘que enlaza o une con’. Constituye una de las clases de nexos. No debe confundirse con los marcadores del discurso, nexos de orden superior que unen textos, no palabras, sintagmas ni oraciones.

Índice

1 La conjunción en español
1.1 Tipología
2 Otros nexos
2.1 Giros conjuntivos
2.2 Adverbios conjuntivos
2.3 Pronombres relativos
2.4 Locuciones conjuntivas
2.5 Conjunciones discontinuas o correlativas
3 Conjunciones coordinantes o coordinativas
3.1 Conjunciones copulativas
3.2 Conjunciones disyuntivas
3.3 Conjunciones adversativas
3.4 Conjunciones explicativas
3.5 Conjunciones distributivas
4 Conjunciones subordinantes o subordinativas
4.1 Conjunciones de las subordinadas sustantivas
4.2 Pronombres relativos de las proposiciones subordinadas adjetivas
4.3 Conjunciones y otros nexos de las proposiciones subordinadas adverbiales
4.3.1 Conjunciones y otros nexos de las proposiciones subordinadas adverbiales circunstanciales
4.3.2 Conjunciones y otros nexos de las proposiciones subordinadas adverbiales lógicas
5 Véase también
6 Referencias

La conjunción en español

La conjunción es una clase invariable (y generalmente átona) de palabras cuya función es establecer relaciones entre palabras, sintagmas, frases u oraciones. Estas relaciones entre ellas son de jerarquía sintáctica y de tipo semántico (de significado). Por ejemplo, en «Laura va a trabajar y Samuel se queda en casa», se enlazan dos oraciones para construir una mayor; el tipo de relación que hay entre ambas es de igualdad, de forma que se pueden intercambiar, y se suman los significados de ambas.

La conjunción sólo tiene un significado gramatical meramente operativo y no posee significado léxico o extralingüístico. Su significado puede variar sin embargo por las relaciones oracionales que puede presentar al enclavarse en un contexto comunicativo. Así, y tiene valor aditivo en «Laura compra y vende objetos», pero valor de oposición equivalente a pero en «Samuel trabaja y no todos los días».

Tipología

La gramática tradicional suele distinguir entre conjunciones coordinantes o propias y conjunciones subordinantes o impropias.

Las conjunciones coordinantes o propias son las que unen palabras, sintagmas y oraciones del mismo nivel sintáctico, de forma que sus elementos son intercambiables sin que se altere el significado conjunto: "Luis caminaba triste y pensativo" = "Luis caminaba pensativo y triste".

Las conjunciones subordinantes o impropias no enlazan tanto palabras o sintagmas como proposiciones que no son intercambiables entre sí (si se intercambian, el significado aparece distinto o agramatical). Esto se debe a que una posee mayor jerarquía que la otra. Al menos una de esas oraciones no tiene sentido completo sin la otra. Algunos de sus nexos son como, cuando, que, porque, para que... Las conjunciones subordinantes degradan la oración en que se insertan y la transponen funcionalmente a una unidad de rango inferior que cumple alguna de las funciones propias del sustantivo, del adjetivo o del adverbio: «Dijo que vendría», «El libro que me prestaste es bueno», «Lo hice cuando me dijiste».

Modernamente esta división tradicional se ha concretado y formalizado más: se distinguen conectores (conjunciones coordinantes y que no ejercen función alguna en las proposiciones que unen), transpositores (conjunciones subordinantes que no ejercen función dentro de la proposición que introducen) y relatores (pronombres relativos y adverbios relativos que ejercen función dentro de la proposición subordinada que introducen).1 2

Otros nexos

Algunas construcciones son equivalentes a conjunciones: son los giros conjuntivos, los pronombres relativos, los adverbios conjuntivos y las locuciones conjuntivas.

Giros conjuntivos

Hay muchos nexos, en su origen preposiciones, que encabezan oraciones y que adquieren valor de conjunción, aunque no tengan forma conjuntiva, cuando se suman a un infintivo. A estas construcciones se les llama giros conjuntivos. Por ejemplo:

Al + inf. = Cuando + verbo conjugado: Al cantar el gallo, San Pedro lloró = Cuando cantó el gallo... +
Por + inf. = Porque + verbo conjugado: Por venir tarde, no entró = Porque vino tarde... +
Con + inf. = Aunque + verbo conjugado: Con ser tan listo, no aprobó = Aunque era tan listo... +
De + inf. = Si + verbo conjugado: De llover hoy, nos refugiaremos en el kiosco = Si llueve hoy, nos refugiaremos... +
Para + inf. = Para que + verbo conjugado: Hemos venido para cantar = Hemos venido para que cantemos +

Adverbios conjuntivos

Igualmente, existen algunos adverbios y pronombres que pueden funcionar como conjunciones. Si son adverbios, se denominan adverbios conjuntivos: cuando, mientras, donde, como, así, etc.

Pronombres relativos

Entre los pronombres, están los llamados pronombres relativos (que, quien-es, el-la-los-las cual-es, cuyo y cuanto-a-s). A diferencia de las conjunciones, poseen función sintáctica dentro de la proposición subordinada adjetiva que introducen y un significado que toman de una palabra, sintagma, oración o texto anterior (y más raramente posterior) mediante deíxis.

Locuciones conjuntivas

Por otra parte, existen determinadas construcciones que agrupan diversas preposiciones, sustantivos, adverbios, conjunciones y otros elementos a fin de formar las llamadas locuciones conjuntivas, funcionalmente equivalentes a nexos o conjunciones; forman un vasto repertorio que expresa los más curiosos matices: de manera que, así que, a fin de [+ infinitivo], por más que, pese a que, a pesar de, a pesar de que, habida cuenta de que, antes de que, después de que, a pesar de, etc.

Conjunciones discontinuas o correlativas[editar código · editar]
Existe además un grupo de conjunciones discontinuas o correlativas que aparecen en dos partes, de forma correlativa, una parte en la primera proposición unida y otra parte por lo general encabezando la segunda: «"Hasta tal punto le tenía antipatía, que vino para matarlo».

Conjunciones coordinantes o coordinativas

Las conjunciones coordinantes o coordinativas son las que unen palabras, sintagmas u oraciones del mismo nivel sintáctico de forma que sean intercambiables entre sí sin que el sentido general de la oración compuesta varíe: "Pedro y Juan lo hicieron" = "Juan y Pedro lo hicieron". Los libros y el cine me gustan mucho" = "El cine y los libros me gustan mucho". "Pedro plancha y María barre" = "María barre y Pedro plancha".

Entre las conjunciones coordinantes se agrupan las copulativas, disyuntivas y adversativas. Las antiguas explicativas y distributivas se consideran hoy, según la Nueva Gramática de la Lengua Española (2011), casos particulares de las disyuntivas y las yuxtapuestas, respectivamente. Se discute si deben entrar en este capítulo también las llamadas ilativas, identificadas por lo común con las conjunciones subordinantes consecutivas.

Conjunciones copulativas

Las conjunciones copulativas sirven para reunir en una sola unidad funcional dos o más elementos homogéneos; indican adición o suma. Son y, e (delante de palabras que empiecen por -i, por eufonía), ni (equivalente a y no) y que (en expresiones como "dale que dale" o "vuela que vuela").

La conjunción más usada en la lengua coloquial es y: «Sergio y Daniel pasean». Se repite frecuentemente en el lenguaje infantil, como expresión sucesiva de enunciados: El perro es mi amigo y lo quiero mucho y juega conmigo. Este uso pleonástico se mantiene en la lengua popular de las narraciones, y como recurso expresivo intensificador. Se emplea e cuando la palabra siguiente empieza por i o hi, para evitar la cacofonía: «Se reunieron e hicieron los trabajos». «Vinieron padres e hijos».

La conjunción ni equivale a y no y señala la adición de dos términos, pero implica que sean negativos: «No hizo los trabajos ni estudió». A fin de marcar la expresividad, se antepone a veces a todos los términos unidos: «Ni tengo trabajo ni dinero».

La conjunción copulativa que es de uso arcaizante, aunque también figura en locuciones con valor intensificador: «Y tú, llora que llora». «Lo mismo da que da lo mismo».

Conjunciones disyuntivas

Sus nexos son o y u (ante palabras que empiezan por "o"- u "ho-"). Las conjunciones disyuntivas indican alternancia entre opciones. Dicha alternancia puede ser:

Cerrada, exclusiva o excluyente ("¿Vienes o te quedas?").

Abierta, inclusiva o incluyente (¿"Estudias o trabajas?", en el sentido de que pueden hacerse las dos cosas, una o ninguna).

De equivalencia denominativa, cuando se unen dos expresiones con idéntico valor denominativa: Los médicos estudian la dispepsia o digestión lenta". "Cervantes o El manco de Lepanto". "Don Álvaro o La fuerza del sino".

Aunque se sitúa entre los términos que indican la alternancia, también puede anteponerse a cada uno de ellos: "¿Llamó Pablo o Carlos?" "O llamó Pablo o Carlos". Se emplea u cuando precede a una palabra que empieza por o u ho: Lo hará uno u otro, también para evitar la cacofonía. Otras veces, o indica que los términos unidos son equivalentes y sirven para designar una misma realidad: "Todo ocurrió o sucedió en un momento determinado".

Conjunciones adversativas

Las conjunciones adversativas son las que contraponen dos proposiciones o términos sintácticos de forma que cada uno corrige al otro. Sus nexos llevan siempre una pausa delante expresada con coma, punto y coma o punto y son "pero", "aunque" (cuando equivale a "pero"), mas (más suave que "pero" y que se emplea solo en la lengua escrita), sin embargo, no obstante y empero (arcaica, solo de uso en lengua escrita y equivalente a "sin embargo". Por ejemplo: "Llueve, pero no me mojo". También se emplea "sino" o "sino que" cuando una de las proposiciones está negada: "No lo hizo Pedro, sino Juan / sino que Juan lo realizó"). Giros conjuntivos también empleados y gramaticalizados en todo o en parte como conjunciones adversativas son con todo, más bien, excepto, salvo y menos.

La corrección o contrariedad puede ser total o parcial, según lo cual las oraciones coordinadas adversativas pueden ser restrictivas o exclusivas.

Las conjunciones adversativas restrictivas presentan una contrariedad parcial entre enunciados no incompatibles: “No había estudiado, pero logré responder a casi todo”, “El equipo jugó muy mal, mas logró imponerse en el marcador”. Suelen usar sobre todo el nexo “pero” y en los casos en que la primera coordinada es negativa la segunda suele incluir el adverbio “sí” como refuerzo: “Miguel no entiende la teoría, pero sí entiende el funcionamiento del sistema”.
Las conjunciones adversativas exclusivas, expresan enunciados incompatibles en que uno exclusye al otro: “Eso no es lo que ofrecisteis, sino lo que os conviene”, “No es un político, sino que es un mafioso”. Su nexo más acostumbrado es “sino”, pero también puede emplear “sin embargo”, “no obstante”, “al menos” y “con todo”, entre otros. A veces pueden omitir el verbo en la segunda coordinada: “No lo cometió mi hermano, sí mi primo“. Sus nexos más usados son sino que, antes bien, al contrario.

Conjunciones explicativas

Son aquellas que unen proposiciones que expresan lo mismo, pero de distinta forma, a fin de explicarse mutuamente. Son por lo general giros aislados entre comas como: o sea, esto es, es decir, mejor dicho. Ejemplo: Se fue al otro mundo, es decir, se murió. En realidad se trata de casos particulares de disyuntivas o copulativas.

Conjunciones distributivas

Las conjunciones distributivas distribuyen elementos: Ora... ora... ya... ya... bien... bien... "Ya fregaba, ya barría..." En realidad no son verdaderos nexos porque tienen función sintáctica dentro de la proposición que introducen y se trata de casos de yuxtaposición o bien de nexos discontinuos disyuntivos en casos como "vendrá, sea hoy, sea mañana".

Conjunciones subordinantes o subordinativas

Las conjunciones subordinantes o subordinativas se caracterizan porque:

Unen solo proposiciones.

Las proposiciones que unen no son intercambiables.

Al menos una de las proposiciones que se unen no tiene sentido completo sin la otra, y a veces incluso ninguna.

Una de las proposiciones unidas tiene mayor jerarquía sintáctica que la otra, y se denomina principal de la otra, que es llamada su subordinada.

Se dividen en tres grandes grupos:

Las que introducen subordinadas sustantivas;
Las que introducen subordinadas adjetivas, también llamadas de relativo (que en vez de conjunciones son en realidad relatores, esto es, pronombres relativos);
Las que introducen subordinadas adverbiales, tanto si introducen proposiciones circunstanciales como si introducen proposiciones lógicas.

Conjunciones de las subordinadas sustantivas

Las conjunciones subordinantes o subordinativas que introducen subordinadas sustantivas introducen oraciones que desempeñan las funciones propias de un sintagma nominal (sujeto, atributo, complemento directo, complemento indirecto, suplemento, complemento del nombre). Las conjunciones sustantivas se clasifican según la función que la oración sustantiva desempeñe dentro de la oración principal. Se utiliza que, conjunción completiva, para la función de sujeto y de complemento directo: Me molestó ‘que’ no me lo dijeras; Dijo ‘que’ lo haría. A veces, se emplea que con alguna preposición, por ejemplo en función de suplemento: Él se convenció ‘de que’ era importante. También se emplea si para las interrogativas indirectas: "Me pregunto si vendrá". También pueden utilizarse pronombres y adverbios interrogativos: "Me preguntó cómo vendrían". "Me preguntó cuántos vendrían".

Pronombres relativos de las proposiciones subordinadas adjetivas

Las proposiciones subordinadas adjetivas no utilizan conjunciones, sino que van introducidas por pronombres relativos que actúan como nexos (que, quien, el cual, cuyo y sus variantes). Dichos pronombres relativos o relatores desempeñan al mismo tiempo una función sintáctica dentro de la proposición subordinada que introducen. Estos pronombres relativos pueden ir precedidos de preposición o no. "El libro que me prestaste era muy bueno". "El libro de que me hablabas era bueno".

Conjunciones y otros nexos de las proposiciones subordinadas adverbiales

Dentro de las adverbiales existen generalmente dos grupos de conjunciones que introducen proposiciones subordinadas: las que introducen proposiciones circunstanciales de tiempo, modo, lugar y comparación, y las que indican operaciones o relaciones lógicas entre la proposición subordinada y la proposición principal como son, la causa, la consecuencia, la consecuencia inesperada o no deseada llamada concesión, la finalidad y la condición.

Conjunciones y otros nexos de las proposiciones subordinadas adverbiales circunstanciales

Las que introducen proposiciones subordinadas adverbiales circunstanciales pueden ser meras conjunciones, adverbios conjuntivos, giros conjuntivos o locuciones conjuntivas y pueden indicar

Tiempo (cuando, al + inf., mientras, después de que, antes de que, no bien, así que, de que, en cuanto, apenas, luego, luego que, antes que, después que, mientras que, en tanto, siempre que, ahora que, desde que, hasta que, una vez que...).
Lugar (donde, adonde, por donde, en donde, desde donde...).
Modo (como, según, conforme, como si, de la forma, manera, suerte, modo que).
Comparación (tan... como; más... que; menos... que). En este último caso se utilizan nexos discontinuos o correlativos.

Conjunciones y otros nexos de las proposiciones subordinadas adverbiales lógicas

Las que introducen proposiciones subordinadas adverbiales lógicas pueden indicar:

Causa  o explicación (porque, ya que, por + inf., etc.).
Consecuencia, esto es, implicación o seguimiento lógico (así que, por tanto, pues, conque, así pues, de forma, manera, modo o suerte que).
Concesión, esto es, un impedimento o complicación insuficiente para la realización de la acción (aunque, por más que, a pesar de que, con todo, bien que, con + inf., pese a que, etc.).
Finalidad, aplicación (para que, a fin de que, con el cometido, intención o propósito de que, a fin de + inf., etc.).
Condición (si, caso que, en el caso de que, de + inf., como, con tal que, puesto caso que, supuesto que, a menos que, siempre y cuando, etc.).

Análisis sintáctico escolar

Análisis sintáctico escolar

El análisis sintáctico escolar forma parte de un intento didáctico de enseñar gramática y mejorar el conocimiento metalingüístico de una lengua en los estudiantes de las enseñanzas elemental y media mediante un análisis basado en la gramática tradicional al margen de la investigación lingüística que se desarrolla en niveles especializados y superiores de instrucción1 para iniciar al estudiante que no pretenda hacer estudios más avanzados de la misma. Se emplean, pues, algunos criterios pedagógicos que orienten al alumno para que no cometa errores y pueda realizar correctamente los análisis en los exámenes que debe superar y a la gente normal para que interprete correctamente el sentido de los textos (legales o de cualquier tipo).

La experiencia demuestra que, en los niveles más primitivos de instrucción básica, los alumnos se encuentran más cómodos analizando a partir de unidades pequeñas (palabras), para agruparlas luego en más grandes ("sintagmas", también llamados ahora más didácticamente "grupos" por la Nueva gramática (2011) e irlos jerarquizando "enganchándolos" como complementos de otras palabras o sintagmas para finalmente ascender al sintagma nominal sujeto y al sintagma verbal predicado. Esto hace que los puedan delimitar más correctamente; si se hace en la forma inversa, (desde el SN / sujeto y SV / Pred. a sus distintos componentes internos) suelen tener más problemas al segmentar.

Asimismo, los alumnos suelen tener problemas a la hora de distinguir entre complementos del sustantivo y complementos del verbo y también suelen confundir función sintáctica y significado. Por ejemplo, les cuesta trabajo entender que un complemento que indique lugar por significado sea CN (complemento preposicional del nombre) de función sintáctica y no CC de lugar, porque confunden los complementos propios del verbo con los propios del sustantivo y significado con función. Por ejemplo, en "la chimenea de mi casa está atascada" identificarán "de mi casa" como complemento circunstancial de lugar, cuando en realidad no es complemento de verbo, sino de sustantivo, más en concreto CN o complemento preposicional del nombre. En línea con este tipo de errores confundirán fácilmente además el CN con el CRég y viceversa.

Otro género de errores nace de no haber buscado y delimitado bien en primer lugar el sujeto haciendo la prueba de la concordancia: prefieren preguntar "quién" al verbo (prueba que falla muy a menudo) en vez de cambiar de número al verbo. Tampoco se preguntan por los argumentos que reclama el significado de un verbo ni pronominalizan. Son reacios a efectuar la transformación pasiva, porque a menudo no la comprenden bien, ni tienen criterios claros para diferenciar entre Crég. y CC., subordinadas sustantivas de adjetivas, los usos pronominales y morfemáticos de "se", cuándo hay perífrasis verbal y cuando no, las oraciones de infinitivo, gerundio y participio, las diferencias entre personal, no personal e impersonal, etcétera.

No obstante a continuación se dan algunas pautas generales para el análisis sintáctico escolar de oraciones afirmativas relativamente simples donde el análisis escolar puede ayudar a los estudiantes de nivel superior o bachillerato a comprender algunas relaciones abstractas entre partes de la oración.

Primera fase

Para proceder en lo sucesivo con corrección metodológica, es preciso determinar si el texto a analizar es oración simple u oración compuesta. Es oración simple si aparece un solo verbo (ya sea en forma simple, compuesta o de perífrasis verbal); si aparece más de uno, es oración compuesta.

Si es oración simple

1) Delimitar, separar y clasificar los constituyentes fundamentales de toda oración simple: el Sintagma nominal / Sujeto y el Sintagma verbal / Predicado.

El Sintagma nominal / Sujeto se distingue porque, al menos en español, concuerda en número y persona con el verbo y es el soporte, asunto o tema del que el predicado es comentario; asimismo, su núcleo o palabra de superior jerarquía es un sustantivo, palabra sustantivada, pronombre o infinitivo
Puede estar presente o estar omitido o elíptico; en este segundo caso es preciso colocarlo entre corchetes.

Otras veces el sintagma nominal sujeto ausente puede no ser recuperable o ser tan indeterminado que es imposible precisarlo; en ese caso no se señala el sujeto y se clasifica la oración como oración impersonal.

Con frecuencia es difícil precisarlo porque se trata de un sintagma nominal muy extenso o una proposición subordinada sustantiva entera. En ese caso se recurre a la pronominalización o sustitución por un pronombre neutro ("eso", por ejemplo, plural "esas cosas") para realizar la prueba de concordancia: "Me disgusta que vengas tarde" = "Me disgusta eso / Me disgustan esas cosas". Luego "que vengas tarde" es el sujeto.

Después hay que determinar si se trata de sujeto agente, sujeto paciente o sujeto simple. Es agente (activo) si ejerce la acción del verbo, la controla o la preside; es paciente (pasivo) si sufre o padece la acción del verbo, pero no la ejerce, la preside, la controla ni la ejecuta. Los sujetos agentes son los sujetos de las oraciones predicativas activas; los sujetos pacientes, de las oraciones predicativas pasivas. Los sujetos de las oraciones atributivas no son ni agentes ni pacientes, sino sujetos a secas a los que califica su atributo.

Los sujetos no siempre aparecen al principio de la oración: pueden estar incrustados dentro del predicado y se suelen posponer al verbo cuando no controlan la acción del verbo: "Sonó un disparo". "Explotó una bomba". "Me gustan los chicles"

El sujeto puede ser raramente un sintagma preposicional: "Entre Luis y María lo hicieron todo" o ser sujeto inclusivo deshaciendo la concordancia en persona: "Los españoles somos así", pero siempre concordará el cien por cien de las veces en número con el verbo.

El Sintagma verbal / Predicado está siempre presente en toda oración simple. Se reconoce porque su núcleo o palabra de superior jerarquía o menos prescindible es un verbo y porque resulta ser un comentario o desarrollo del sujeto; el verbo concierta en número y persona con el sujeto, al menos en español. Existen tres tipos de predicado: el Predicado verbal, el Predicado nominal y el Predicado mixto. El verbo puede presentarse como una sola palabra, como formado por dos verbos de los cuales el primero es un auxiliar de la voz activa o la voz pasiva y el segundo un participio, o como una perífrasis verbal de dos verbos, en la cual el primero es un verbo auxiliar conjugado y el segundo es un verbo no conjugado (infinitivo, gerundio o participio) y funciona como núcleo, determinando los complementos que lleve la perífrasis.

2) Observar, delimitar y clasificar otros elementos periféricos ajenos al Sintagma nominal/Sujeto y Sintagma verbal/Predicado (Sintagma nominal/Vocativos, interjecciones, marcadores del discurso, expresiones parentéticas...)

Segunda fase

3) Localizar
El núcleo del SN/Sujeto
El núcleo del SV/Predicado

4) Delimitar, separar y clasificar los complementos que lleva cada núcleo del SN y del SV antes y después.

El núcleo del SN/Sujeto sólo puede llevar cuatro tipos de complementos o funciones sintácticas:
Actualizadores del tipo de los predeterminantes, artículos, posesivos, demostrativos, interrogativos o exclamativos en función de determinantes, o bien cuantificadores del tipo de los numerales (cardinales, ordinales, divisores, multiplicadores, distributivos) o de los extensivos en función de determinantes.

Adyacentes adjetivos o proposiciones subordinadas adjetivas en función de adyacente.
Aposiciones (SN, sustantivos propios o comunes, pronombres)
Sintagmas preposicionales en función de Complementos preposicionales del nombre o Complementos preposicionales del núcleo.

El núcleo del SV/Predicado sólo puede llevar ocho: Complemento directo o CD, Complemento indirecto o CI, Complemento circunstancial o CC, Complemento de régimen, Suplemento o CR, Atributo, Complemento predicativo o C. Pred., Complemento agente o C. Ag. y el Complemento argumental o Argumento. Estos complementos son de dos clases: los argumentales, exigidos por el mismo significado del verbo (Sujeto, CD, CI, C.Pred., Atributo, C. Ag., C. argumental) y adjuntos (CC). A la hora de analizarlos, deben buscarse por orden de frecuencia: en los verbos predicativos activos, Sujeto, CD, CI, CR, CC, C. Pred. C. Arg.; en los verbos copulativos, Atributo y todos los demás menos el CD, CR, Predicativo y C. Arg., que nunca pueden llevar. Si se trata de verbos semipredicativos, también llamados semicopulativos, se busca sobre todo el C. Pred.

5) Clasificar la oración simple con arreglo a dos criterios:
a) Por su estructura interna (personales o no personales; unimebres o bimembres; predicativas, atributivas o semipredicativas; impersonales; reflexivas directas o indirectas, recíprocas directas o indirectas).
b) Por su modalidad o intención comunicativa pueden ser de seis tipos: enunciativas, con la Nueva gramática (2011) llamadas ahora declarativas; interrogativas (parciales o totales, directas o indirectas), expresivas, imperativas o exhortativas, dubitativas y desiderativas.

Oraciones compuestas

Si hay más de dos verbos núcleos de predicados:

1) Rodear los nexos (o signos de puntuación, en el caso de las oraciones yuxtapuestas) con un círculo y clasificar si son coordinantes o subordinantes; si es preciso, sustituirlos por otros nexos que aclaren más la relación sintáctica a efectos de clasificación.

2) Subrayar los verbos; el número de nexos debe ser igual al número de proposiciones más uno.

3) Delimitar las proposiciones subrayándolas.

4) Localizar la proposición principal (no posee nexo delante, su verbo se halla al principio o puede llevarse al principio, y es un verbo en forma conjugada).

5) Numerar las proposiciones y clasificarlas con arreglo a tres criterios:

a) Por su relación con las demás proposiciones de su contexto (principales, coordinadas, subordinadas, yuxtapuestas y sus respectivos subtipos, etc...; para eso es importante tener clara la clasificación de los tipos de nexos y, si es preciso, sustituirlos por nexos más comunes que aclaran mejor el significado)

b) Por su estructura interna (personales o no personales; unimebres o bimembres; predicativas, atributivas o semipredicativas; impersonales; reflexivas directas o indirectas, recíprocas directas o indirectas).

c) Por su modalidad o intención comunicativa pueden ser de seis tipos: enunciativas, con la Nueva gramática (2011) llamadas ahora declarativas; interrogativas (parciales o totales, directas o indirectas), expresivas, imperativas o exhortativas, dubitativas y desiderativas.

6) Analizarlas internamente como si fueran oraciones simples.

7) Comentar los fenómenos lingüísticos interesantes que hayan aparecido en el análisis: leísmos, laísmos, loísmos, dequeísmos, concordancias anómalas etcétera.


Bibliografía[editar código · editar]
ALCINA, J. Y BLECUA, José Manuel (1975): Gramática española. Ariel, Barcelona.
BÁEZ, V. (1988): Fundamentos críticos de la gramática de dependencias. Síntesis, Madrid.
BELLO, Andrés (1847): Gramática de la lengua castellana (destinada al uso de los american os). Con las notas de Rufino José Cuervo. Estudio y edición de R. Trujillo (2 vo s.), Arco/Libros, Madrid, 1988.
BOSQUE, Ignacio (1980): Problemas de morfosintaxis. Ed. Universidad Complutense, Madrid.
BOSQUE, Ignacio (1999 ): Repaso de sintaxis tradicional: Ejercicios de autocomprobación. Arco/Libros, Madrid.
BOSQUE. Ignacio, y DEMONTE, Violeta, dirs. (1999): Gramática descriptiva de la lengua española, 3 vol s. Espasa-Calpe, Madrid.
BRUCART, J. M. (1987): "Sobre la representación sintáctica de las estructuras coordinadas", Revista Española de Lingüística, 17, 105-129.
BUTLER, CH.; MAIRAL, R.; MARTÍN ARISTA, J. Y RUIZ DE MENDOZA, F.J. (1999): Nuevas perspectivas de gramática funcional. Ariel, Barcelona.
CARBONERO, P. (1975): Funcionamiento lingüístico de los elementos de relación . Pub . Universidad de Sevilla.
------ (1993): "¿Qué información proporcionan los análisis sintácticos?", Trivium, 5, 17-31.
COSERIU, Eugenio (1989): "Principios de sintaxis funcional", Moenia (Revista Lucense de Lingüística & Literatura), Pub . Univ. de Santiago de Compostel a, 1, 1995, 11-4 .
D'INTRONO, F. (1979): Sintaxis transformacional del español. Cátedra, Madrid.
------ (2001): Sintasis generativa del español: evolución y análisis. Cátedra, Madrid.
DUBOIS-CHARLIER, F. (1974): La représentation graphique de la phrase. Larousse, Paris.
FERNÁNDEZ RAMÍREZ, Salvador (1985): Gramática española: 1. Prolegómenos (vol. preparado por J. Polo). Arco/Libros, Madrid.
------ (198 a): Gramática española, 2. Los sonidos (vo . preparado por J. Polo). Arco/Libros, Madrid.
------ (198 b): Gramática española: 3.1. El nombre (vo . preparado por J. Polo). Arco/Libros, Madrid.
------ (1987): Gramática española: 3.2. El pronombre (vo . preparado por J. Polo). Arco/Libros, Madrid.
------ (198 c): Gramática española: 4. El verbo y la oración (vol. ordenado y completado por I. Bosque). Arco/Libros, Madrid.
------ (1991): Gramática española: 5. Bibliografía, nómina literaria e ín dices (vo . preparado por Bienvenido Palomo). Arco/Libros, Madrid.
FUENTES, C. (1987): Enlaces extraoracionales, Sevilla, Alfar
----- (1998): La sintaxis de los relacionantes supraoracionales, Madrid, Arco Libros, 2º ed.
----- (1998): Ejercicios de sintaxis supraoracional, Madrid, Arco Libros, 2º ed,
----- (1998): Las construcciones adversativas, Madrid, Arco Libros.
----- (2005): "Hacia una sintaxis del enunciado", LEA, XXVII, 1.
----- (2007): Sintaxis del enunciado. Los complementos periféricos, Madrid, Arco Libros.
GILI Y GAYA, Samuel (19 4): Curso superior de sintaxis española. Vox, Barcelona, 1998.
GÓMEZ TORREGO, L. (1985): Teoría y práctica de la sintaxis. Alhambra, Madrid.
----- (1998): Gramática, didáctica del español, SM, Madrid.
GONZÁLEZ CALVO, J.M. (1990): Análisis sintáctico (Comentario de cinco textos). Pub . Universidad de Extremadura, Cáceres.
GUTIÉRREZ ORDÓÑEZ, Salvador (1978): "Visualización sintáctica: un nuevo modelo de representación espacial", Actas del IV Coloquio I t. de Li g. Fu cio al, Oviedo, 259-270.
------ (1997a): Principios de sintaxis funcional. Arco/Libros, Madrid.
HARRIS, Zelig (19 5): String Analysis of Sentence Structure. Mouton, The Hague.
HAYS, D. (19 4): "Dependency theory: a formalism and some observations", La guage, 40, 511-525.
HERNÁNDEZ ALONSO, C. (1983): Pautas de análisis y comentarios lingüísticos. Heraldo, Valladolid.
------ (1984): Gramática funcional del español. Gredos, Madrid.
------ (1995): Nueva si taxis de la lengua española (sintaxis onomasiológica: del contenido a la expresión ). Colegio de España, Salamanca.
HOCKETT, CH. (1971): Curso de lingüística moderna. EUDEBA, Buenos Aires.
JESPERSEN, Otto (19 8): La filosofía de la gramática. Anagrama, Barce ona, 1975.
KOVACCI, Ofelia (1990): El comentario gramatical. Teoría y práctica. Arco/Libros, Madrid.
LÓPEZ GARCÍA, Á. (1994): Gramática del español. I: La oración compuesta. Arco/Libros, Madrid.
------ (199 ): Gramática del español. II: La oración simple. Arco/Libros, Madrid.
------ (1998): Gramática del español. III: Las partes de la oració . Arco/Libros, Madrid.
MARTÍN ZORRAQUINO, M.A.- E. MONTOLÍO (EDS., 1998): Los marcadores del discurso, Madrid, Arco Libros.
MARTÍNEZ, J.A. (1994): Funciones, categorías y transposición . Istmo, Madrid.
NARBONA, A. (1989a): Sintaxis española: nuevos y viejos enfoques. Ariel , Barcelona.
------ (1989b): Las subordinadas adverbiales impropias en español (I). Bases para su estudio. Ágora, Málaga.
------ (1990): Las subordinadas adverbiales impropias en español (II). Causales y finales, comparativas y consecutivas. Ágora, Málaga.
POTTIER, Bernard; DARBORD, B. Y CHARAUDEAU, P. (1994): Grammaire explicative de l'espagnol. Nathan, Paris.
REAL ACADEMIA ESPAÑOLA (1973): Esbozo de una nueva gramática de la lengua española. Espasa-Calpe, Madrid.
ROJO, G. (1983): Aspectos básicos de sintaxis funcional. Ágora, Málaga.
ROJO, G. Y JIMÉNEZ JULIÁ, T. (1989): Fundamen tos del análisis sintáctico funcional. Pub . Universidad de Santiago.
RYLOV, Y.A. (1989): Sintaxis de relaciones del español actual. Pub . Universidad de León.
SÁNCHEZ MÁRQUEZ, M.J. (1972): Gramática moderna del español. Teoría y norma. Ediar, Buenos Aires.
STATI, S. (19 7): Teoria e metodo nella sintassi. I Mulino, Bologna.
TESNIÈRE, Lucien (1959): Elementos de sintaxis estructural. Gredos, Madrid, 1994.
TUSÓN, J. (1980): Teorías gramaticales y análisis sintáctico. Teide, Barcelona.
VERA LUJÁN, A. (1994): Fundamentos del análisis sintáctico. Pub . Universidad de Murcia.

Antroponimia

Antroponimia

La antroponimia u onomástica antropológica es la rama de la onomástica que estudia el origen y significado de los nombres propios de personas, incluyendo los apellidos.

Introducción

El ser humano siente la necesidad de identificarse con un elemento designador concreto: un antropónimo o nombre propio. Este hecho parece universal a casi todas las culturas humanas, aunque se registran algunas donde entre los miembros familiares no se usan nombres propios sino nombres comunes de parentesco como hijo / -a, padre / madre, etc.

Estructura de los antropónimos

En las sociedades preestatales el antropónimo está formado por un único nombre propio, muchas veces con algún significado descriptivo o simbólico. En las sociedades sedentarias, con jerarquización y gran número de individuos con frecuencia el antropónimo de las personas consta de al menos un nombre de pila, propio del individuo y algún tipo de nombre familiar. Así el nombre familiar puede servir para que los descendientes de miembros influyentes de la sociedad conserven el prestigio o poder de la familia a través del uso del nombre. O bien como sucede en muchas sociedades modernas, la combinación de un nombre de pila y un nombre familiar resuelve el problema de la existencia de un número de antropónimos limitado, y evita la confusión de que dos individuos tengan el mismo antropónimo.

Origen de los antropónimos

Aunque la inmensa mayoría de antropónimos derivan históricamente de nombres comunes, en muchas sociedades el significado original del antropónimo ha dejado de ser transparente y es desconocido. Así en la mayoría de sociedades occidentales el nombre es sólo un designador, que no tiene ningún significado particular y sólo mediante el estudio etimológico se conoce cual es el origen histórico de los nombres. Por otra parte, en muchas de las sociedades conocidas la mayoría de antropónimos tienen origen en un nombre o un significado reconocible, ya que en esas sociedades la posesión de cierto nombre se da por razones simbólicas importantes para el grupo.

Lingüística histórica

La etimología onomástica o estudio del origen histórico de los nombres de persona frecuentemente es de interés en los estudios de cambios sociales, migraciones e interacción entre sociedades diferentes. Así la presencia de ciertos antropónimos originarios de la lengua A entre los hablantes de la lengua B, puede indicar tanto la incorporación de personas de un grupo lingüístico en otro, como la influencia de un grupo cultural sobre otro. Por ejemplo, en español la presencia de nombres hebreos se debe a la influencia de la religión judeo-cristiana en los hablantes de latín que dieron origen al español. Por otra parte la presencia de nombres germanos en español se debió originalmente a la incorporación de personas de origen visigótico a las poblaciones hispanorromanas de la península ibérica. En otras ocasiones cuando los antropónimos incorporados en una lengua procedente de otra son pocos o aislados puede deberse a una moda cultural o a factores históricos más o menos accidentales.

Antroponimia occidental

Según la Biblia, el nombre del primer ser humano según el Génesis es Adán, que significa: Hombre Terrestre; Humanidad. Proviene de una raíz hebrea que significa: “rojo”. La costumbre en esta cultura era llamar al recién nacido con lo que decía el padre cuando lo veía por primera vez.

Los romanos tenían tan pocos nombres propios que cuando se les acababan daban a sus hijos nombres de números: Quintus, Sextus, Septimius, Octavius, Nonius, Decius, etcétera.

El cristianismo extendió la costumbre de usar nombres hebreos bíblicos, litúrgicos y de virtudes morales, y de utilizar una ceremonia específica para imponer los mismos, denominada bautismo; los pueblos celtas y germánicos por el contrario señalaron en sus nombres las virtudes relacionadas con el mérito guerrero y extendieron este tipo de nombres por Europa durante las invasiones bárbaras del siglo V. El Concilio de Trento (siglo XVI) consagró la costumbre de adoptar nombres de santos de la Iglesia católica, con lo que se redujo mucho la riqueza en el surtido de los nombres y se extinguieron muchos que eran muy antiguos (Lope, Garci, Tello, Fortún, Yago, Elfa, Brianda, Violante, Mencía). El antisemitismo de los cristianos desacreditó también nombres que poseían connotaciones hebraicas, como Efrén o Ephraim.

Hasta la Edad Media se usaban únicamente los nombres de pila. Para diferenciar a dos personas con el mismo nombre se añadía una indicación relativa al lugar en que la persona vivía, al trabajo que realizaba, o a cualquier otro rasgo característico. Así, a dos personas con el nombre Juan, se les distinguía, por ejemplo, llamando a uno Juan, el molinero y a otro Juan, el de la fuente. Cuando se instituyeron los apellidos esta costumbre se mantuvo, motivo por el cual existen todavía en la actualidad apellidos como Molinero o Lafuente. Estas costumbres eran útiles también para esconder apellidos poco prestigiosos o de origen judaico o morisco.

En español son muy frecuentes los apellidos terminados en -ez, como González, Martínez o Sánchez. Estas terminaciones indican que un antepasado tenía como nombre de pila, en este ejemplo, Gonzalo, Martín o Sancho, y que a sus hijos se les denominaba antiguamente Juan, hijo de Gonzalo; Juan, hijo de Martín o Juan, hijo de Sancho, respectivamente. Estos nombres son conocidos como patronímicos. En otras lenguas ocurre lo mismo:

Los prefijos Mac- o Mc- escoceses significan "hijo", por ejemplo, "MacPherson" es hijo de Pherson.
En lenguas semíticas tenemos, en hebreo la palabra ben 'hijo' (Ben Gurión, Ben Yehuda), análogamente la forma equivalente en árabe ibn 'hijo' (Ibn Jaldún, Ibn Zaydun, Ibn Hayyan) y la forma arameo bar (Bar Kokhba).

En las lenguas germánicas son frecuentes las terminaciones -sohn (alemán), -son (inglés, noruego, sueco) y -sen (danés): "Petersen" es hijo de Peter (Pedro), "Mendelssohn" es hijo de Mendel y "Gustafson" es hijo de Gustaf. En islandés aparece también -dóttir 'hija'.
En las lenguas eslavas se tienen las terminaciones -(o)vich o -vic que indican también filiación.
En griego moderno existen las terminaciones -poulos (-πουλος), -akis (-άκης) y -adis (-άδης), entre otras; en griego antiguo la más extendida era -idēs (-ίδης), hispanizado como -ida.
En georgiano se tiene -shvili 'hijo/a'.
En idioma armenio se tiene -ian "Krikorian" es hijo de Krikor (Gregorio).

Estructura de los antroponímicos

El nombre de una persona (antropónimo) consta de un nombre de pila y de uno o varios apellidos, según las costumbres de cada idioma y país. El nombre de pila lo dan los padres a los hijos cuando nacen o en el bautizo (pueden ser diferentes, ya que el primero cuenta a efectos civiles y el segundo a efectos religiosos). De ahí la expresión "de pila", que procede de "pila bautismal". En cambio, el apellido o nombre familiar, comúnmente el del padre o el del padre y el de la madre (aunque en algunos países se puede invertir el orden, o cuando se contrae matrimonio cambiar uno por el del cónyuge o adoptar en exclusiva el del cónyuge), pasa de una generación a otra. La palabra apellido procede del latín y tiene el mismo origen que "apelación", es decir, "acto de llamar". En la actualidad, en España, el nombre propio de los hijos es uno de los datos que se proporcionan al Registro civil en el momento de la inscripción del nacimiento y puede cambiarse por motivos justificados ante un juez.

En Rusia, el antropónimo de una persona, además del nombre y apellido, consta de un patrónimo derivado del nombre de pila del padre que se indica en medio de ambos como, por ejemplo, Lev Nikoláievich Tolstói (Lev, hijo de Nikolái Tolstói).

Antroponímicos del español

Los antroponímicos del español tienen principalmente seis orígenes:

Antroponímicos romanos, que representan el estadio más antiguo y han sido conservados en la lengua y habiendo sufrido en general el mismo tipo de cambios fonéticos que las palabras patrimoniales del español.

Antroponímicos hebreos y arameos, que empezaron a introducirse especialmente a partir de los siglos II y III cuando el número de personas de religión cristiana en la península ibérica empezó a ser apreciable.

Antroponímicos griegos, que básicamente llegaron con el cristianismo. Como muchos de los primeros cristianos procedían de la parte oriental del imperio romano, donde el griego era la lengua usual, los siguientes cristianos siguieron empleando nombres griegos que llevaron algunos de sus antepasados.

Antroponímicos germánicos, ligados a la entrada en la península de los visigodos que rápidamente constituyeron parte de la clase dominante. Originalmente estos antroponímicos se dieron solo en la nobleza germánica y gradualmente fueron adoptados por las personas de ascendencia hispanorromana, debido al prestigio que comportaba llevar alguno de estos nombres, por ser nombres de la clase dominante.

Antroponímicos árabes, desde la invación árabe. Son sobre todo nombres de pila como Fátima o Almudena.

Antroponímicos perromanos. Quedan muy pocos: Indalecio, por ejemplo.

Antroponímicos romanos

Los antroponímicos románicos del español y el resto de lenguas románicas derivan tanto de praenomina (nombres de pila) como de nomina (nombres familiares) latinos. En estos segundos abundan las terminaciones en -io (Antonio, Julio, Emilio...), -ino / -ano (Saturnino, Julián/Juliano, Emiliano, ...). Ya para los romanos muchos de los antroponímicos carecían de un significado transparente, por lo que el nombre de pila de una persona raramente tenía significado a finales del imperio, y su imposición a un niño tenía que ver más con la tradición familiar o los nombres locales más abundantes.

Antroponímicos hebreos y arameos

Como ejemplos baste recordar el nombre de algunos héroes bíblicos: Noé, nombre que indica descanso (descanso después del diluvio); Isaac 'ha reído', porque la que sería su madre, la anciana Sara, rio incrédula al anuncio de su embarazo futuro; Moisés, sacado del agua e hijo adoptivo (de la princesa egipcia); Jesús, de Yeshúa 'Yahvé es salvación', etc.

Algunos nombres bíblicos y cristianos son de origen arameo, ya que en el siglo I d. C., el hebreo ya no era la lengua coloquial en Judea. Entre los nombres típicamente arameos están Tomás, Marta y María (hebreo Mariam).

Antroponímicos germánicos

En la antroponimia española, algunos nombres son atribuidos a la influencia gótica, entre ellos se incluyen Ramiro, Bermudo, y Galindo. Es interesante notar también que algunos nombres españoles de hoy día originalmente fueron construidos en combinaciones de germanismos que después fueron romanizados. Estos nombres se remontan a formas que generalmente tienen la estructura "Adjetivo + Nombre" siendo las dos raíces formantes de origen germánico oriental, es decir, visigótico. Algunos ejemplos de esta onomástica son:

Gótico alls 'todo' + funs 'preparado' = Adefonsus > Alfonso
Gótico alls- 'todo' + wars 'prevenido' > Álvaro
Gótico frithu 'alianza, paz' + nanth 'atrevido' > Fridendandus > Fernando
Gótico hroths 'fama' + sinths 'dirección' = Rudesindus > Rosendo
Gótico gails 'alegre' + wêrs 'fiel' = Gelovira > Elvira
Gótico gunthis 'lucha' + alv 'espíritu' = Gundisalv > Gundisalvus > Gonsalvo > Gonzalo

Antroponimia precolombina

Los indígenas precolombinos tenían en general nombres de significado transparente, para los hablantes, a diferencia de lo que sucede con la mayoría de nombres de las culturas europeas modernas.

En América del Sur encontramos:

Bachué madre de la humanidad, según los Chibchas.
Boupé, primitivo jefe de los Tairas, indios del Vaupés.
Bulira, princesa de los Panches.
Buynaima, hombre de agua, según los Murui Muinames.
Gerafaicoño, 'mujer de los sapos', según los Witotos)
Guarapurú, jefe guajiro.
Ibsnaca, princesa pijao.
Iruya, princesa del Gran Caquetá.
Já, primer humano según los Yaguas. Já significa 'agua'.
Kimaku, el primer hombre según los Koguis)
Teuso o Tenso, guerrero del Gran caquetá.

En Perú, encontramos algunos nombres en quechua como:

Asiri Sonriente.
Illari Amanecer.
Khuyaq Amorosa.
Killa Luna.
Kusi Alegre.
Killa Luna.
Misk´i Dulce como la miel.
Nina Fuego.
Ñust´a Princesa.
Pachacusi La que alegra el mundo con su presencia.
Phuyu Nube.
Qhispi Libertad.
Quri Dorada.
Quyllur Estrella.
Saya La que siempre se mantiene en pie.
Suyana Esperanza.
Urpi Paloma.
Wayta Flor.
Willka Sagrada.
Amaru Serpiente mítica.
Anka Águila.
Apumayta ¿Dónde estás señor?
Apu Jefe.
Atiq Vencedor.
Atuq Astuto como el zorro.
Huyhua Hijo predilecto.
Illapa Rayo.
Inka Rey.
Inti Sol.
Intiawki Príncipe sol.
Kuntur Cóndor.
Qhari Fuerte y valeroso.
Rimaq Hablador.
Sinchi Caudillo.
Sunqu Corazón.
Takiri El que crea música y danza.
Tinkupuma El que lucha como puma.
Wallpa Gallo.
Waman Halcón.
Wayra Viento.
Yawar Sangre.

Entre los antiguos mexicanos encontramos nombres como:

Cuāuhtemōc 'águila que desciende'
Motēuczōma 'nuestro señor enojado'
Cuitlāhuac '[el que] fue puesto al cargo'
Xicoténcatl 'boca de jicote'
Popoca 'Humear'

Entre los pueblos norteamericanos de las praderas, como los sioux, encontramos:

Thathanka Iyothanka ('Toro sentado')
Hehaka Sapa ('Alce negro')
Itonagaju ('Lluvia en la cara')

Terminología de la antroponimia

Antropónimo es cualquier nombre de persona humana, uno de los tipos de biónimo.
Aptónimo: es un patrónimo que posee un significado ligado a la persona que lo porta, el más corriente es la relación con su oficio o sus ocupaciones.
Cognomen: sobrenombre de un romano.
Criptónimo: nombre falso bajo el cual se oculta el verdadero.
Endónimo: es el antropónimo con que con la que los habitantes del propio lugar llaman en su lengua autóctona a una persona que pertenece a su mismo lugar en contraposición al exónimo.
Epónimo: adjetivo que indica que un nombre famoso ha dado su denominación a un lugar o pueblo. Por ejemplo, Alejandro el Grande es epónimo de la ciudad de Alejandría.
Escopónimo: aquel antropónimo diferente del nombre de pila de la misma que siempre posee una o varias funciones que vienen a añadirse a su función designativa intrínseca.
Etnónimo: nombre de un pueblo o etnia.
Exónimo: dentro de la antroponimia, y al contrario que el endónimo, es el nombre de persona adaptado a la fonética e idiosincrasia de otra lengua con que es conocida fuera de su idioma o ámbito lingüístico. Por ejemplo, William puede ser hispanizado como Guillermo. Es lo contrario del endónimo.
Gentilicio: nombre de un clan entre los romanos y en general nombre de los habitantes de un lugar; en este último caso también se lo denomina demónimo.
Glotónimo o glosónimo: nombre de una lengua o idioma.
Hagiónimo: nombre de santo
Heterónimo: pseudónimo que no solo se utiliza para evadir el nombre propio, sino al que se le da una personalidad e incluso una trayectoria biográfica. Por ejemplo, los heterónimos de Fernando Pessoa o los "Complementarios" de Antonio Machado. A la persona que se inventa esos heterónimos se le denomina "ortónimo".
Hipocorístico: denominación afectiva y deformada de un antropónimo propia de la amistad o del ámbito infantil: "Chema", "Paco", "Manolo", "Tolín", "Pepa"...
Matrónimo: nombre de una familia transmitido por la madre
Monónimo: nombre único que identifica generalmente a una persona, como Voltaire o Colette
Mote, alias o apodo: sobrenombre por lo general peyorativo o despectivo que se da a una persona. Se utiliza alias sobre todo cuando es la denominación que utiliza un delincuente para evadir su identificación por la justicia.
Necrónimo: denominación con la que se evita utilizar el nombre de un fallecido.
Nombre artístico: es el más sonoro que los artistas suelen adoptar para ser mejor recordados y reconocidos.
Nombre legal: es el nombre de las personas jurídicas inscrito en la oficina del Registro Civil.
Nombre de pila: Aquel que figura en primer lugar en la denominación completa. "Luis", "Josefina" etc.
Nombre de reinado: el que adopta un príncipe o un cardenal cuando se transforman respectivamente en rey o en papa: "Felipe VI", "Juan Pablo I"...
Nombre religioso o de religión: el que se adopta cuando se entra en una orden religiosa regular masculina o femenina. Por ejemplo, Juan de Yepes Álvarez se transformó en Juan de la Cruz cuando entró en la orden de los carmelitas descalzos y Teresa de Cepeda y Ahumada en Teresa de Jesús cuando entró en la rama femenina de la misma orden. El nombre que se abandona es una clase de retrónimo.
Ortónimo: véase "heterónimo".
Patrónimo o patronímico: nombre transmitido por el padre.
Pseudónimo: nombre falso utilizado para ocultar el nombre real.
Retrónimo: nombre que se ha abandonado o ya no se utiliza porque ha sido sustituido por otro. También se denomina así al nombre que suscita un nombre paralelo nuevo que designa algo con lo que forma pareja: la denominación del famoso torero "El niño de la Capea" suscitó la formación de "El niño de la Palma", otro famoso torero, por lo que es su retrónimo.
Teónimo: nombre de dios.

Bibliografía

ALBAIGÈS i OLIVART, J.M. (1984): Diccionario de nombres de personas, Barcelona, ed.Universitat de Barcelona, 1984.

BOULLÓN AGRELO, A. I. (1999): Antroponimia medieval galega (ss. VIII-XII), Tübingen, Max Niemeyer Verlag

GARCÍA GALLARÍN, Consuelo (2014): Diccionario histórico de nombres de América y España. Madrid: Sílex, 2014.

KREMER, D. (1993): "Portugiesisch: Anthroponomastik", art. 448, en Lexikon der Romanistischen Linguistik, Tübingen, Niemayer, vol 6.

Anacronía

Anacronía o dislocación temporal 

En teoría literaria se llama anacronía a la alteración del orden cronológico de los sucesos en el relato.

En un texto narrativo, los acontecimientos de una historia pueden ser ordenados en forma cronológica, es decir, siguiendo la línea temporal (pasado-presente-futuro) o recurriendo a la anacronía, la cual no sigue una secuencia temporal lógica. Por tanto, el tiempo del relato (¿cómo presento los hechos?) no necesariamente se ajusta con el tiempo de la historia (¿cómo ocurrieron los hechos?). Por ejemplo, en la estructura de la película Pulp fiction o en Titanic

Tipos de anacronía

La anacronía puede ser un movimiento hacia adelante o hacia atrás en el tiempo con respecto al presente de la narración.

Analepsis

Se suele distinguir entre flashback, término tomado del teatro donde se da un breve "salto atrás", y el racconto, de mayor extensión. Narra acontecimientos anteriores al presente de la acción e incluso anteriores al inicio de la creación.

Prolepsis

Es un movimiento de prospección. Narra acontecimientos futuros, anticipaciones con respecto al presente de la historia, de modo que este puede conocer de antemano hechos que ocurrirán más tarde. Igualmente, la prospección puede darse de dos formas: El flashforward, que corresponde a la proyección hacia el futuro de forma breve; y la premonición, un amplio salto en el futuro de la historia, para regresar a la narración inicial.

La prolepsis se puede utilizar en narraciones in medias res e in extrema res. La prolepsis requiere especial pericia en su manejo para mantener el interés del lector que ya conoce parte del desenlace. No obstante, la prolepsis puede ser usada para narrar hechos futuros de menor importancia.

Por ejemplo, la novela Crónica de una muerte anunciada se inicia revelando el desenlace para luego comenzar a narrar los eventos cronológicamente, no sin un continuo uso de prolepsis para relacionar los hechos presentes con el destino final del protagonista.

El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5:30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo.

Crónica de una muerte anunciada. Gabriel García Márquez

Otro ejemplo es El túnel de Ernesto Sabato, en el cual desde el principio se sabe que Castel ha asesinado a María Iribarne.

Flash sideway

Consiste en narrar una historia alternativa a otra que pudo haber ocurrido o que ocurre en un universo paralelo diferente. Se empleó, por ejemplo, en la sexta temporada de Lost (Perdidos) y es habitual en el género de la ciencia-ficción (por ejemplo, en El hombre en el castillo y otras obras de Philip K. Dick o en Philip Roth.

Importancia de la anacronía

En un cuento como El hombre de Juan Rulfo o la película Memento de Christopher Nolan, la ruptura del orden temporal es utilizada como un recurso estilístico. El valor de la obra se basa, en gran parte, por la manera en que el autor ha jugado con el tiempo.

Otros relatos presentan procedimientos anacrónicos dentro de una secuencia base que tiene un orden normal. Esto permite conocer detalles de los personajes, del contexto, de la acción, etc., que de otro modo se perderían, y si se omiten hasta podríamos no entender determinadas situaciones. Por ejemplo, si un personaje manifestara una tímida actitud al principio del relato, y ello no se explicara, más adelante, difícilmente entenderíamos que es producto del poco afecto recibido por sus padres en la niñez.

Asimismo, en una clásica novela policíaca, saber desde el comienzo quién es el autor del crimen tendría un efecto completamente distinto en el lector (tanto así, que podría descalificar la obra).

Véase también

Saltos temporales
Prolepsis
Analepsis